SOBRE LA INSTALACIÓN DE TACOS DE EXPANSIÓN (“SPIT”)

 

Varias veces me habéis pedido que escriba algo acerca de los tacos, cómo ponerlos, su fiabilidad, etc. Al fin me he hecho un hueco para escribir esto, basándome fundamentalmente en lo que he leído por ahí y en la experiencia en diversas instalaciones que he utilizado.

          Cuando iniciamos una exploración y encontramos un pozo o dificultad que exige utilizar cordada, habrá que asegurar a algún anclaje. Buscaremos dónde hacerlo, pudiendo ser un anclaje natural fiable, como un puente de roca, columna, una arista adecuada, etc. En tal caso, cuidado con las formaciones, a veces no son de fiar. Si no existe ninguno natural, lo lógico es que existan anclajes artificiales: cables, chapas fijas, clavos o tacos de expansión previamente colocados. 

            Si existen tacos, antes de utilizarlos habrá que comprobar su validez. Primero, que estén en un lugar adecuado para instalar los materiales de progresión (por ejemplo, que no existan roces en la cuerda), que su estado sea aceptable, y que las características de la roca y el lugar concreto donde han sido puestos sean seguros

         Buen estado. No habrá fisuras en el taco (fig. 1), la chapa debe quedar sujeta al mismo (fig. 2, cuando el tornillo hace tope, se fuerza 1/4 de vuelta, no más, puesto que podemos retorcerlo, debilitándolo). Si el tornillo no entra entero, queda a juicio del instalador poner la chapa o no. Aunque una chapa “baile” un poco (oscilación debida a existir espacio entre la superficie de la roca y la cabeza del tornillo), no es muy problemático, pero si es mucho el hueco que queda, el aguante del conjunto es mucho menor, pues la chapa trabaja apalancando (fig. 3) y a la vez va comiéndose la rosca.

         A veces, simplemente el interior está sucio. Es interesante llevar utensilios de limpieza (“escobilla” de cable de acero, un alambrillo, etc.) que permitan eliminar el óxido y el barro de dentro. Posiblemente el tornillo entrará entonces algunas vueltas más. 

         Atención: no forzar el apretado cuando un tornillo no entra.  Si las roscas del taco están atascadas por el óxido o existe suciedad dentro, forzar con la llave puede producir la rotura del tornillo, o lo que es más peligroso, su retorcimiento, quedando debilitado aunque aparentemente esté bien. También puede romperse o fisurarse el taco. Cuando existe suciedad en el interior (normalmente barro), el tornillo empuja el tapón que a su vez apoya sobre la cuña, y el efecto conjunto es el de un extractor, es decir, en vez de entrar el tornillo, el taco sale (fig. 4).

         Un taco que se mueve o gira no es de fiar, nos está indicando que su expansión no ha sido completa, que está roto o que el agujero se ha agrandado, posiblemente porque la roca es de mala calidad y por lo tanto poco segura, o que en el interior existe alguna concavidad inapreciable pero que ha permitido la expansión “en vacío” del taco o que la cuña no abra el taco. 

         Bien puesto (tanto por su posición como penetración en la roca). Comprobaremos que esté a nivel de la superficie rocosa (fig. 5), sin sobresalir (menor resistencia) ni estar bajo la superficie (fig. 6), algo que provocará que el tornillo y la chapa actúen como extractores y proporcionan una mayor tensión, además que el tornillo no roscará toda su longitud en el taco, poseyendo un menor aguante.

         El orificio realizado para su colocación no estará muy embudado (fig. 7), lo que permite que el taco se mueva con mayor facilidad y disminuye su resistencia (no totalmente incluido en la pared). A la vez, el taco se comporta como si estuviera dentro de su agujero: efecto de extracción. No obstante, a veces es muy difícil burilar sin formar un pequeño embudo, que casi no influye. Debemos evitar el taco si el embudado es muy grande, o apretar prudentemente el tornillo.

         Comprobar que la expansión es completa (fig. 8), lo cual puede intuirse por la posición de la cuña. Esta debe verse por el agujero (la suciedad lo impedirá, lamentablemente) un poco más allá de la rosca. Si está más adentro, es que se habrá clavado en la roca (fig. 9)  o alguna pequeña cavidad interior (fig. 10), y el taco no se habrá expandido correctamente.

         La “cama” (fig. 11), espacio habilitado alrededor del taco, deberá permitir un apoyo correcto de la chapa. Aristas, salientes e irregularidades no permiten un buen apoyo, trabajando el conjunto mal, apalancando y ocasionando esfuerzos adicionales sobre todo el anclaje.

         La posición del taco. Este debe colocarse SIEMPRE perpendicular a la superficie rocosa (fig. 12), si la pared está inclinada, el taco no debe entrar en ella en la horizontal, sino perpendicularmente, de manera que la chapa asentará sobre el plano rocoso a la vez que lo hace sobre el borde metálico del taco. Si no es así, la inclinación provocará un mal ajuste de la chapa y mosquetón sobre la pared (fig. 13). Además, la expansión forzará la roca de manera irregular, pudiendo romperse por la zona más débil.

         En un lugar adecuado de la pared. Al margen de la idoneidad por cuestiones técnicas (de la instalación), debemos estudiar y comprobar el lugar donde ha sido colocado y las características de la roca. Dado que se produce una expansión en el agujero, la roca sufre presiones y tensiones que debe resistir. Por ello, lo idóneo es que el taco esté colocado en una masa compacta y amplia de roca, rodeado de forma homogénea por ella en unos 30 cm de alrededor, si bien a veces no hay más remedio que saltarse estas recomendaciones.

 

 Así, debe existir una distancia prudencial a las irregularidades que la pared pueda tener (fig. 14): bordes rocosos, oquedales, fisuras, etc, de lo contrario el anclaje poseerá menor resistencia. De hecho, el lugar ideal es una zona cóncava de roca donde estará rodeado por la mayor cantidad posible de masa rocosa. A la vez, la presencia de otros elementos expansivos  (fig. 15) sumará las tensiones, por lo que deben estar también a distancia suficiente.

 

         Cuidado con bloques (fig. 16), empotrados o libres, aunque parezcan fiables nunca se sabe su estado de equilibrio, y no son recomendables. Consideremos que si un bloque se desprende, arrastrará la instalación con él (cuerda, espeleólogo colgado y todo).

 

         Cuidado con las formaciones (fig. 17). La roca originada por sedimentación química en la cavidad (coladas, columnas, suelos calcificados...) debería evitarse dentro de lo posible, puesto que se deposita en capas que no necesariamente poseen características similares, favoreciendo el desconchado. Incluso pueden haberse formado sobre sustratos inestables (arcilla, piedras, roca de mala calidad), lo que haría muy fácil su ruptura o desprendimiento completo.

         Finalmente, un taco puede parecer perfecto y sin embargo ser peligroso debido a la mala calidad de la roca, que no proporcionará así el aguante necesario. La roca de calidad suena característicamente al ser golpeada, es decir, “canta” (-clink-), mientras que si es mala o está suelta, el sonido es apagado (-plof-). (Los que hemos burilado en Tamajón sabemos lo que esto significa: allí, como decimos, para burilar no hace falta girar el burilador... el taco se clava en la roca... esto da idea de su calidad).

         Si tras estudiar los tacos existentes resulta arriesgado su uso, o es imposible, nos veremos obligados a poner alguno nuevo, lo mismo que en nuevas instalaciones. Realmente, a la hora de poner un nuevo elemento debemos tener en cuenta casi todas las indicaciones anteriores, considerando que un taco  correctamente colocado es una inversión en seguridad y comodidad para futuras visitas, pero si lo hacemos mal, no sólo será peligroso usarlo, sino que habremos imposibilitado su entorno para colocar otro

         Elección del lugar (en función de la instalación). Lo interesante es que el nuevo taco satisfaga las necesidades de la instalación deseada, lo que nos llevará en general a elegir el sitio más adecuado para que la cuerda  no roce y que el mosquetón y nudo trabajen correctamente. Debemos tener en cuenta el camino de descenso de la cordada y su procedencia, evitando que el nuevo anclaje ocasione grandes desvíos, roces o un mal trabajo del resto de la instalación. A la vez, cuanto más sencillo resulte pasar por el anclaje durante la progresión, mejor. 

         A veces resulta imposible usar el lugar idóneo, por la calidad de la roca u otras causas. A mi juicio, es preferible la bondad de un nuevo taco sacrificando algo la de la instalación, porque en general ésta podrá mejorarse o corregirse usando diversas técnicas y materiales (desvíos, antirroces, uso de cintas,...). Si, de todos modos la instalación obliga a burilar en un punto poco fiable, siempre podemos montar varios tacos trabajando simultáneamente, repartiendo los esfuerzos sobre ellos y aumentando considerablemente la seguridad. 

         Elección del punto a burilar (en función de las características de la roca). Las características de la instalación en el pozo nos dirigirán a un área concreta, y ahora habrá que elegir el punto exacto, que nos proporcione la máxima seguridad en el nuevo anclaje y a la vez consiguiendo la instalación deseada. 

         La roca debe “cantar”. Con la maza lo comprobamos, golpeando la pared y evitando lugares que suenen a hueco o a roca blanda. No habrá fisuras ni otros tacos en una distancia prudencial, lo mismo que bordes rocosos o concavidades, puesto que su existencia restaría seguridad al nuevo taco. Si es posible, evitaremos coladas, columnas u otras formaciones.

         Burilado y fijación del taco. Elegido el sitio exacto, lo primero es limpiar el lugar a burilar, con la maza, eliminando irregularidades de la roca, suciedad, y aquellos vivos que puedan ocasionar un mal trabajo no sólo de la chapa, sino del mosquetón, nudo y la propia cuerda (a veces hay que romper aristas bastante alejadas del punto de anclaje, por debajo). En ese punto haremos la “cama”, aplanando el espacio alrededor del punto a taladrar, para que la chapa siente lo mejor posible. De hecho, la “cama” debería hacerse lo suficientemente grande para que en ella pudiera instalarse cualquier tipo de elemento sobre el taco, y no a la medida de lo que en ese momento vayamos a utilizar. Pensemos que no sabemos si otro día habrá que montar allí un tensor desde una anilla, o una chapa Clown, por ejemplo. 

         Sobre la “cama” empezaremos a burilar, quizá el momento más crítico de todo el proceso. Apoyando el taco y sin girarlo, golpearemos suavemente para que los dientes se marquen, definiendo el lugar a taladrar, de manera que no se nos mueva del punto exacto elegido. Definido el inicio del futuro agujero, iniciamos el giro, con extrema delicadeza al principio, para evitar a toda costa que se rompa la roca, embudándose el orificio. A la vez, vigilaremos cuidadosamente en los primeros milímetros la perpendicularidad del taco respecto a la pared. Si tras haber taladrado medio cm existiese embudo en la entrada o la dirección del taco no es perpendicular, ya tiene mala solución. A partir de aquí, ya podemos empezar a golpear con fuerza hasta finalizar el agujero. 

         El taco debe taladrar la roca hasta quedar exactamente al nivel de la superficie, ni hundido ni sobresaliendo. Normalmente la perpendicularidad no es perfecta, pero es de suponer que no habrá gran desviación gracias a las precauciones tomadas al empezar. Si la chapa no ajusta perfectamente, se puede retocar la cama antes de fijar el taco, con extremo cuidado para no embudar el agujero. Esto se hace usando el propio taco en el burilador, a modo de cincel. 

         Terminado el agujero a la profundidad debida, hay que revisar el taco porque podría haberse dañado en el proceso. Siempre se rompen algunos dientes, y esto no es importante, pero si se ha fisurado o le faltan fragmentos que hacen presumible que la expansión no sea completa, o que pueda romperse, debe desecharse usando otro nuevo para fijarlo. 

         Fijamos la cuña a la boca del taco (con suaves golpes), para evitar se caiga dentro del agujero, y así introducimos el conjunto hasta que haga tope sobre el fondo del orificio burilado. Lógicamente, quedará ahora una parte del taco fuera, casi la longitud de la cuña. Con firmeza y sin girar, golpeamos hasta que el taco alcance el nivel de la roca. Cuando la cuña ha entrado completamente en el taco, expandiéndolo, se nota un cambio característico de sonido en los golpes (“canta”). En ese momento podemos desenroscar el mango  y observar el resultado. Si el taco ha quedado algo dentro, o un poco inclinado, podemos rebajar la roca a su nivel, con mucho cuidado de no forzarla o podría abrirse. Usaremos otro taco nuevo a modo de cincel. 

         En un nuevo taco debemos comprobar que la roca no se ha abierto en sus cercanías, por la expansión; que el extremo de la cuña ha quedado justo bajo la rosca y no más dentro (puede haberse clavado en el interior); que no se mueve (indicio de una mala sujeción), y que el taco en sí no posee fisuras ni se ha roto. Todo esto puede ocurrir en un taco nuevo. 

         Acabado y comprobado, sólo nos queda elegir la chapa más adecuada, atornillarla e instalar la cuerda, y ya podemos iniciar el descenso. Es conveniente tener en cuenta todas las precauciones posibles, y recordad siempre que cualquier taco puede fallar (¿por qué, sino, se hacen cabeceras de dos anclajes mínimo?), algo que nunca sabremos hasta colgarnos de él, momento en el que lo sometemos a un esfuerzo. En el caso del nuevo taco, el que lo pone es el que lo prueba... 

         Finalmente, comentar que no siempre es preferible poner uno nuevo cuando existen otros. La experiencia y buen juicio del instalador juegan un importante papel en una instalación adecuada y segura, pero recordemos, ante la duda, seguridad.

         Con frecuencia pensamos que en las instalaciones faltan tacos porque encontramos roces o dificultades. Antes de ponernos a burilar, estudiemos las características del pozo y la progresión. A veces bastará ascender al anterior anclaje y cambiarlo a otro que salve el problema, o existirá algún recurso natural para desviar, por ejemplo. 

         Existen diversas técnicas y materiales que nos van a permitir usar tacos en lugares inadecuados para la instalación. Pensemos en principio que nadie va a burilar en lugares inadecuados porque sí, cuesta trabajo hacerlo y resulta preferible asegurarse de la utilidad del esfuerzo. Tales tacos son utilizables o poseerán algún sentido, como puede ser un desvío, instalación de socorro, o para la instalación principal usando antirroces, cintas, etc. Siempre que se pueda conviene evitar el trabajo de taladrar, respetando a la vez la naturalidad de la cavidad.

 

Javier Rejos