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Es la segunda ocasión en que un grupo del Club Abismo organiza una salida para realizar esta famosa travesía. Esta vez han sido tres los componentes que han querido internarse dentro de la Peña Lavalle por la Sima de Cueto y salir de este monte por la Cueva de Coventosa.
Fue Manolo Nieto quien me animó a volver a hacer la travesía que ya habíamos hecho junto con Juan, Salva y Valentín en el verano de 1999. Yo me había prometido no repetir semejante paliza, pero, casi cuatro años después, colgado por el arnés de una cuerda en el rocódromo y hablando se empezó a planear esta segunda edición de la travesía.
Estimamos que lo mejor sería un equipo ligero de tres espeleólogos y pensamos como tercero en Jesús Foguer, ya que también le atraía la travesía y todos sabemos que es un gran compañero dentro y fuera de las cuevas.
Los tres nos enfrentamos al pequeño dilema de no publicitar mucho esta idea, por si no prosperaba, porque creíamos importante que sólo fuéramos tres y porque no queríamos que nadie se molestara, en fin que no sabíamos si lo hacíamos del modo correcto.
PLANTEAMIENTO TÉCNICO
Revisando los datos de las descripciones de la travesía y de
nuestra experiencia previa, teníamos como principales
dificultades: elegir la longitud de las cuerdas y el modo de
cruzar los lagos. Decidimos utilizar dos cuerdas, una más
larga que otra y usarlas de modo alterno durante el descenso
de la sima, nos acomodamos a las longitudes que disponemos
en el material del club y elegimos una de 61 m. y otra de 53
m., las dos de 10.5 mm de diámetro, que es la costumbre en
el club, aunque pueda parecer excesivo vista la tendencia
actual (la cuerda sufre demasiados roces como para pensar
que fuese más fina) También llevábamos un cordino de 49 m.,
mejor hubiese sido de 51 m, para recuperar en “cordelette”.
Anoto que este cordino no lo utilizamos en el pozo más
largo, Pozo del Algodón P55, lugar donde se suele enganchar
la cuerda y que al encontrar una cuerda ya enganchada y en
perfecto estado, se empleó para bajar unos 40 m. por ella en
fijo, si hubiera hecho falta el cordino en este punto se
llevaban otros 10 m. para poder recuperar.
Para cruzar los lagos decidimos emplear un par de botes
neumáticos, el que ya otras veces nos ha prestado Manolo
Fuentes, del Grupo Espeleológico Seguntino, y nuestro nuevo
Gomex biplaza de látex bautizado como “Dragón Rojo”. Se
prefirió esta opción para no tener que sufrir el agua fría
de Coventosa y los dos cambios de ropa necesarios después de
un camino tan largo. Para llevar los botes “al otro lado de
los lagos”, se entraría en la cavidad el día anterior y se
regresaría empleando neoprenos.
Se descartó desde un principio dormir en la cavidad, salvo
que fuese imprescindible, se trató de no pasarse con el
peso, aunque no se podían dejar cosas como equipo de
instalación, incluyendo maillones y chapas con anillas por
si acaso, además del carburo, la comida y el agua.
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DESARROLLO DE LA TRAVESIA
El jueves 1 de mayo lo dedicamos a cruzar los lagos para
pasar los botes. Recibimos la grata colaboración de
otros miembros del club: Juan Oliva, Salva Calvo, Paco
Toquero, Valentín García, además de Manolo Fuentes (GES)
y de Antonio Ramírez, que entró con una cámara de video.
Estos compañeros, embutidos en sus neoprenos, se
encargaron de llevar los botes a su destino y comprobar
el nivel de la marmita que hay después de los lagos para
ubicar dichos botes. Antonio, Edu, Jesús y Manolo
salieron un poco antes de la cueva mientras los otros
nadaban por Coventosa.
Nos levantamos a las 7:00 del viernes 2 de mayo, y a las 8:15 ya estábamos caminando desde Socueva, se pasó por las cabañas de Buzulacueva a las 9:15, se empezó a cerrar una niebla y llegamos a la sima de Cueto a las 10:10. Rehicimos las sacas, nos pusimos los trastos y entramos a las 10:50, primero Jesús seguido de Manolo y Edu, se iban instalando las dos cuerdas y, según se recogía la superior entre Manolo y Edu, ésta era pasada a Jesús, que seguía bajando, de modo que pasamos por la repisa de -196 m. a las 12:50 y nos juntamos por primera vez en la base del primer impresionante pozo de Juhué de 302 m. (a -303m.) a las 13:50. Desde aquí siguió instalando Manolo el temido pozo del Algodón que, como he contado, Jesús y Edu lo descendieron en fijo. Al poco nos encontramos con un P69, llamado Pozo del Péndulo, del que se bajan sólo unos 25m; aquí sufrimos un enganchón entre la cuerda, el cordino y un trozo de hilo telefónico (hay mucho en gran parte de la vertical), se resolvió sin tener que ascender por la cuerda, un pequeño retraso. Continuó con la instalación Edu en el Pozo del Oso, al que bajamos por la cuerda ya instalada, más que por la calidad de la cuerda nos animó la mala pinta de la cabecera para nuestra cuerda y no saber como respondería ésta cuando quisiéramos recuperar. Los últimos pozos también se bajaron por una cuerda idéntica a la nuestra y hasta más limpia en esos momentos para aparecer, ya todos, sobre la galería de Juhue (-581m), a las 18:50.
En la base de Cueto encontramos gran cantidad de basura de purga de carburo además de muchos metros de cuerda abandonada, como no nos gustó el paisaje nos pusimos a andar, así llegamos hasta la entrada de la Sala de las Once Horas, en lo alto de una pronunciada rampa, a las 19:15, donde hicimos la primera comida larga, purgar y colocar el material en las sacas para circular por una cueva horizontal. Continuamos la marcha a las 20:05, recorriendo la sala hasta la Gran Pedrera, rampa de piedras donde tratamos de no caernos. Camino del Oasis por la Galería del Chicarrón, circulamos con cierto temor, ya que debido a sus dimensiones nos desviamos algo de los hitos y creímos por un tiempo estar algo despistados. Llegamos a El Oasis a las 21:30, donde bebimos la poca agua que había. Nuestra nueva meta era el Pozo de la Navidad donde llegamos a las 22:30, dejando atrás una innumerable cantidad de subidas y bajadas por caos de bloques. A este pozo le sigue una galería de igual nombre que destaca por unas concreciones cristalizadas blancas, frágiles, que le dan ese aspecto que alguien creyó navideño.
Mientras recorríamos la Galería de los Artistas y antes de
llegar a la Sala Blanca, nos tomamos un respiro en forma de
trago de agua. Esta sala posee el mismo tipo de formaciones
que las antes descritas, y está cerca del P31 que nos lleva
a la entrada de una galería llamada Espeleodromo, donde
llegamos a las 0:50. Llegamos al Pozo de la Unión a la 1:30,
donde comimos, purgamos, recogimos agua y repusimos fuerzas,
continuamos la marcha a las 2:40. Nuestro próximo destino
estaba en el Agujero Soplador, pero antes tuvimos que pasar
por la Galería de las Pequeñas Inglesas y más adelante por
la Turbina, Por toda esta zona nos encontramos con galerías
de menores dimensiones, pero con infinidad de pasos
expuestos, además de una diaclasa en una zona desfondada que
no resulta grato sortear.
El P17 del Agujero Soplador lo descendimos con el
rapelador en el cabo de anclaje, y a las 6:15 ya
notábamos el agua cerca. Mientras pasábamos por la
marmita de cota -783 metros sonó el despertador, eran
las 7:00, llevábamos 24 horas en pie. Llegamos al primer
lago a las 7:40, volvimos a comer y purgar y empezamos a
cruzarlos a las 8:20 terminando a las 9:30; lo más
engorroso fue transitar por los bloques entre los dos
primeros lagos, la poca agua que había complicaba el
progreso. Manolo navegó “solo” con tres sacas, y Jesús y
Edu juntos con otra. Después de salir del agua recogimos
los botes y continuamos la marcha recorriendo el Gran
Cañón sin tanto cuidado de no mojarnos como hacía ya dos
días. Por el terreno conocido recordábamos la salida muy
cerca, lo que fue a las 12:05, unas fotos y a las 12:30
en el coche después de unas 25 horas de travesía.
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RECOMENDACIONES
Además de lo que, más o menos, he explicado los tres
decidimos usar botas de montaña y no de agua, con calcetines
gordos que se suelen usar también en montaña. Lo cierto es
que los pies sólo nos los mojamos al final y no se llegan a
enfriar, aun así sufren bastante.
La saca queda grabada en los hombros igual que el arnés en
la cintura, la verdad que llevábamos peso de más, pero poco
de lo que pudiéramos prescindir, nunca se sabe cuánto se va
a estar allí. De lo que sí se puede prescindir es de uno de
los botes, a cambio de tardar algo más en cruzar los lagos
se aligera mucha carga.
AGRADECIMIENTOS
Los primeros a mis dos Compañeros, Jesús y Manolo, por
su generosidad y apoyo sobre todo en el final de la
travesía empeñados en cargar con los botes.
Al resto de compañeros: Juan, Salva, Paco, Valentín,
Manolo y Antonio, que generosamente nos ayudaron a
llevar los botes al otro lado de los lagos.
Al Grupo Espeleológico Seguntino, por dejarnos su bote
que tanto nos ha ayudado.
A la gente del club que se ha interesado por la
expedición y nos ha prestado su material y dado ánimos y
consejos.
A todos, MUCHAS GRACIAS.
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