Cuivo-Rubicera (Cantabria)
26 y 27 de mayo de 2006. Jesús Foguer
Juan Oliva y Jesús Foguer
 
 

Mi primera visita espeleológica a Cantabria, hace ahora unos trece años, fue precisamente al Mortero de Astrana. El culpable de todo, Quique Quílez. Recuerdo que íbamos una romería de la hostia, creo que unos dieciséis, casi todos, recién salidos de un curso de iniciación. Llegamos hasta el afluente del Cuivo y salimos tardísimo. Dentro nos cruzamos con un grupo de tres espeleólogos que habían entrado por otra boca, más tarde comprendí que venían del Cuivo.
Desde entonces esta cavidad, ha sido de las más visitadas por el club en este territorio.
En 1996, nos lía Manolo Fuentes del GE Seguntino para hacer la travesía Cuivo-Astrana. Siempre nos ha contado haberla realizado años atrás con unos valencianos y que tardaron veintitantas horas, a causa de unos despistes, con el añadido de no disponer de neoprenos. Menudos ánimos y encima con lo bien que me llevo yo con el agua. Pero bueno, Manolo es gente de confianza y para allá que voy junto con Manolo Nieto y Salva.
En esta travesía utilizamos por primera vez la técnica del cordelette para la recuperación de cuerda en los pozos, abandonando para siempre la doble cuerda y el ocho.
Todo va bien, Manolo nos guía de maravilla y la completamos sin incidentes ni retrasos.
Pasan los años, y empezamos a oír que han aumentado el desarrollo del sistema notablemente, consiguiendo unirlo a una cueva que se abre al Valle del Asón. Esta es la que mas tarde se ha popularizado y ahora todos conocemos como La Rubicera.
Paco Cuesta y Nacho Hierro consiguen conocerla al acompañar a miembros del SEII, que han participado en la exploración, durante una visita fotográfica.
Poco después nos llevan a ella, tomando contacto con sus amplias galerías, llegando hasta La Sala de la Teta, una vez superada la temida estrechez.
En la Subterránea nº 18 viene publicado un artículo que describe la travesía entre las bocas de La Rubicera y El Mortero de Astrana. Ello nos anima a intentarlo, pero antes debemos de reconocer en profundidad el enrejado de galerías de La Rubicera. En diciembre de 2003 la visitamos de nuevo, llegando hasta el río. A partir de aquí no deberíamos tener problemas de orientación.
En marzo de 2004 conseguimos completar la travesía dos grupos que entramos por Rubicera con una pequeña diferencia de tiempo (ver Rubicera-Mortero).
Todos coincidimos en que es una de las travesías más completas de cuantas hemos realizado hasta el momento, a pesar de no ser de las de mayor recorrido. Desarrollándose gran parte por cursos activos, debemos de salvar todo tipo de dificultades, ascender y descender pozos, caminar por grandes galerías o atravesar estrecheces, hasta cruzar un pequeño lago y sobre todo un sinfín de resaltes y pasamanos.
Desde el primer momento que nos planteamos el hacerla, siempre me ha atraído la idea de acometerla en el sentido inverso, al ser de las pocas travesías en poder efectuarse en ambos sentidos.
¿Pero porque no intentarlo desde El Cuivo? Le damos mayor desarrollo y le sumamos todo el atractivo de este río subterráneo.
Para facilitar esta intentona, debemos hacer coincidir esta actividad con otro grupo que realice Rubicera-Astrana.
Este año subimos dos veces. Al coincidir con épocas de lluvia y encontrarse el caudal de los ríos alto, decidimos dejarlo para mejor ocasión.

A finales del mes de mayo, tras un periodo de buen tiempo creemos que es el momento.
Del grupo inicial, Manolo Fuentes no puede venir y Paco Minguez es baja a última hora por una lesión, quedando solo Juan Oliva y el que os escribe. “-¿qué hacemos Juan? -palante machi” pues para allá que vamos.
El equipo para Rubicera-Mortero lo forman, Paco Cuesta, Edu Marín, Alicia Gutiérrez, Carlos Heras y Miguel Sanz.
El viernes 26, Paco, Miguel, Edu y Ángel, instalan las rampas del Mortero y descienden hasta la desembocadura del Cuvieja, donde nos dejan ropa seca, el bote neumático para atravesar el lago y cuerda para reequipar los pasamanos del Leolorna.

Sábado 27 de mayo de 2006. La noche ha sido corta. Nos levantamos temprano, después de desayunar, nos vamos al lío. El acceso hasta el Cuivo, con neopreno y las pesadas sacas se nos hace un poco fatigoso. Paco Mínguez, preocupado por nuestra suerte, nos acompaña hasta la boca. Terminamos de equiparnos y nos despedimos de él sintiendo que no pueda acompañarnos.
Nos vamos para abajo, la tensión al inicio se palpa, pero poco a poco la vamos soltando, caminamos con precaución, vadeando un sinfín de marmitas, descendiendo uno a uno los pozos que vamos encontrando en este activo trayecto, hasta que, finalmente descendemos a la fantástica Sala del Arco. Un cómodo meandro activo nos conduce a la galería principal del Mortero, donde encontramos el material. Dejamos una de las cuerdas que hemos utilizado, cogemos las sacas y nos vamos aguas abajo, reequipando varios tramos de pasamanos en mal estado.
Cuando la galería se inunda, avanzamos con facilidad gracias al neopreno hasta el lago, donde hinchamos la barca para cruzarlo.
Al otro lado nos cambiamos, comemos, cargamos las sacas y nos ponemos de nuevo en marcha.
Ahora nos encontramos en la zona fósil intermedia, entre los ríos Leolorna y Rubicera. Salvamos varios pozos instalados con cuerda fija, donde el estado de esta en algunos puntos es lastimoso, sustituyéndola a nuestro paso, hasta agotar la cuerda de que disponemos.
Llegamos al pasamanos suspendido sobre el P90. Hace rato, deberíamos habernos cruzado con el otro grupo, tendrían que habernos confirmado el estado del pasamanos. Así que, con muchas dudas, tomamos la cuerda que asciende hasta el, con la esperanza de que se encuentre en buen estado. Ya en la cabecera, compruebo su estado y doy libre. (Reconozco ha sido una de las veces donde más miedo he pasado colgado de una cuerda).
Nos juntamos al otro lado y hacemos una paradita para relajarnos y pensar en el paradero de nuestros compañeros.
A poco de reanudar la marcha, les oímos llegar. Afortunadamente no les ha pasado nada, solamente llevan un pequeño retraso. ¡¡jeje jaja!! Fotos y cada uno sigue su camino.
Poco mas adelante, ya en el rió, nos cruzamos con unos gallegos. El nivel del cauce es bajo, pudiendo remontarlo caminando por su lecho evitando oposiciones y cosas raras.
Pronto alcanzamos las galerías fósiles. Ascendemos el P31, reinstalado en nuestra última visita. Recorremos el intrincado de galerías hasta la estrechez, donde el cansancio en esta, se hace notar. Al otro lado, amplias galerías nos conducen al exterior. Hace una noche extraordinaria, y lo mejor ¡¡Lo hemos conseguido!!.
Sólo nos queda remontar las empinadas rampas del exterior para después descender hasta el coche.
Desconocemos si se habrá efectuado esta travesía anteriormente, tal vez sí, da igual, solo quiero dar las gracias a todos vosotros con los que alguna vez durante estos años hemos disfrutado de buenos ratos por aquí abajo y que habéis hecho posible que concluya esta travesía y en especial a Juan, junto con el que he tenido la suerte de compartir esta experiencia.

 
   
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