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· 28 de Mayo. Después de alrededor de una semana de cruces de
llamadas he intentando decidir si la salida sería hacia el norte (Red del
Río Junjumia, Picos de Europa) o si por el contrario partíamos hacia el sur
(Travesía Hundidero-Gato), el jueves a última hora de la noche decidimos la
segunda opción. Pues bien, el viernes, a pesar de salir un poco
retrasados, nos internamos en el gran caos... circulatorio de
Madrid-Guadalajara, comienzo de la carretera de Andalucía dos horas, un
infierno (Menos mal los bombones que nos proporcionó Juan ¡Uhm, que ricos!).Puesto que se nos hizo un poco tarde decidimos dormir al lado de
una carretera, ya en las inmediaciones de la Serranía de Ronda.
· 29 de Mayo. Después de un buen desayuno en una típica venta nos
dirigimos hacia la boca de la cueva del Gato, desde la carretera se observa
una gran boca por la que sale un aporte de agua no muy grande.Nos trasladamos por carretera a la boca de Hundidero, a la que
hay que bajar por una serie de resaltes y un gran barranco (más exactamente
un hundimiento), que más tarde desemboca en la gran entrada a Hundidero.
En un principio pensamos que la cueva iba a ser un poco seca, al
no haber agua en el pantano, pero según íbamos avanzando nos dábamos cuenta
que aquella cueva no era "para chicas" como dijo alguno. El transcurso de la travesía fue normal, llegando a ser
bastante acuática en algunos tramos (largos lagos, un pequeño tramo inundado
-sifón- bastante estrecho, etc...). Cabe destacar también las grandes
formaciones que posee la travesía como: los Grandes Gours en la sala que da
nombre, la gran Estalagmita, y grandes coladas al final de la travesía. Desde el punto de vista técnico; hubo que rapelar algún pozo y
algún resalte sin mucha complicación, y alguna zona nadando algo más
complicada por su longitud.
Por lo demás es una pena que un
sistema que merece ser visitado por todo espeleólogo, este con tal
acumulación de restos de pasarelas, tubos y demás chatarra, que en algunos
momentos más que una cueva aquello parecía un desguace. Después de comer y beber algo decidimos partir hacia Granada
para hacer el domingo un cañón en las Alpujarras. A Manolo parece que le
sentó algo mal y tuvimos que ir con él al médico de un pueblo.
· 30 de Mayo. El domingo decidimos que íbamos a visitar el cañón de
río Trevélez, no estaba muy clara la salida del cañón, pero allí dejamos el
coche, nos trasladamos a la entrada de éste y Valentín y Manolo volvieron
hacia Guadalajara. Neopreno en mano nos dispusimos a descender los mas de
trescientos metros que separaban el punto donde nos dejó el coche hasta el
río, todo un penar de bajada, entre bancales y pequeños cortados.
Ya en el río, la primera parte un poco aburrida por la monotonía
del tránsito, seguidamente se iba poniendo cada vez más bravo y más
estrecho, unos cuantos saltos nos iban a decir que este cañón no era "para
chicas" y que llevaba algo más de agua de la que creíamos en un principio
(Mientras tanto Juan flipaba con su primer contacto con los cañones).
Después de los saltos se alternaba alguna zona andando para poco después
volverse a estrechar y nosotros volver a flipar. Fue todo un poco crudo en
este tramo final, desde los rápeles que acababas dando vueltas alrededor de
la poza hasta no poder salir por la "gran aguadilla" que te hacía la cascada
por encima de ti. Todo esto pendientes del cielo, que cada vez iba
anocheciendo más. Después de momentos como cuando Juan perdió el ocho y
Manolo y yo en el fondo de una poza intentábamos oírle pero no había forma,
o de miradas que no hace falta decir más, llegamos a un gran caos de bloques
que ponía fin al cañón en una central eléctrica. La instalación de algunos puntos muy deficiente.
31 de Mayo. El lunes, con el cuerpo algo tocado por las desavenencias con
el Sr. Trevélez, intentamos subir hacia el Veleta, para pasar al lado norte
de Sierra Nevada, no pudimos al encontrarnos, en la pista, una barrera
cerrada. Dimos la vuelta y pusimos rumbo a Guadalajara.
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