RED DEL SILENCIO (Cantabria)
Del 11 al 14 de Agosto de 2005. Jesús Foguer y Paco Mínguez
Jesús Foguer, Paco Mínguez, Juan Oliva, Héctor, Angel Sánchez, Gloria Moreno, Paco Toquero, Luis Toquero
 
 

La Red del Silencio o Sistema Caballos-Valle es un enorme complejo subterráneo cercano a los sesenta Km. de desarrollo horizontal, situado al oriente de Cantabria, en el municipio de Rasines, a pie entre Ramales de la Victoria y Ampuero.

La travesía entre la torca de los Caballos y la resurgencia por la cueva de Valle es una de las de mayor recorrido del mundo, unos diez Km. Además existen otras cuatro entradas que conectan el sistema con el exterior: la sima cueva del Escobal, y las torcas del Hoyu Hondo, La Canal y La Seguía. Esta última, la más alta del sistema y situada en tierras de Vizcaya, fue enlazada en 1991, tras durísimos trabajos de desobstrucción, por miembros del GAES aprovechando la intensa sequía de ese año.
La cueva de Valle es conocida de siempre aunque los primeros exploradores son los bilbaínos del G.E.V.
Por otro lado los descubridores de la torca del Hoyón en 1977 son los franceses de Rodez, a la que ellos bautizan como torca de los Caballos.
A partir de 1979 los franceses junto con el GAES y el CAS de Bilbao y el SESS de Santander realizan exploraciones conjuntas y en 1980 logran conectar las dos cavidades en la galería de las Marionetas.
Desde entonces hasta ahora se ha realizado la travesía en numerosas ocasiones, principalmente en los últimos años. Pero lo complicado y la dureza de ésta ha propiciado numerosos casos de pérdida y agotamiento, siendo necesaria frecuentemente la intervención de los grupos de socorro.
Uno de los casos más insólitos lo pudimos seguir por la prensa local durante una salida del club, hace unos años. Un grupo trataba de realizar la travesía con una sola carga de carburo provocando una gran movilización.
Al estar tan asociada a pérdidas e incidentes y tener que elegir épocas de estiaje siempre ha sido descartada de entre nuestros objetivos.
Últimamente me venía atrayendo la idea de visitarla. Así que, durante una salida por el valle de Carranza en el mes de Junio, hice una primera incursión junto a Juan y Ángel por la cueva de Valle, avanzando escasos metros al sufrir una pequeña pérdida en las proximidades de la entrada, comprobando in situ que esto va en serio.
Lejos de desanimarme propongo una salida en el mes de Agosto de este mismo año e intentar adentrarnos un poco más a fondo.

El día once de Agosto, junto a Paco, lo empleamos en localizar las bocas de la Canal y de Caballos. Para ello nos desplazamos por la carretera que sube a Obejar hasta los barrios de Casavieja y Torcollano. Camino de este último y al ver la distancia por carretera nos damos cuenta de que efectivamente estamos ante un gran sistema.
Unos vecinos de Torcollano nos indican el camino a la dolina donde se encuentra la sima de Caballos, hallándola con facilidad. En el fondo de ésta se abre una sima que creímos era la de Caballos pero en realidad se trata del Hoyón II. La duda nos hace consultarlo con Alfredo (de la tienda de Ramales) quien nos confirma que las dos se hallan en la misma dolina, oculta entra la vegetación la de Caballos.
Para buscar la Canal descendemos por un camino hacia el río Ruahermosa desde Casvieja. Después de muchas vueltas y cuando creíamos no localizarla es de nuevo un vecino el que nos indica su situación.

Viernes, 12. Hoy entramos por Valle con la intención de superar sus conflictivos caos de bloques. Después de algún momento de desánimo al no encontrar continuidad conseguimos traspasar los tres grandes derrumbes que interrumpen el cómodo trayecto por el río Silencio. Finalmente llegamos hasta un lugar conocido como La Playa donde surge el río. De aquí parte un conducto ascendente hasta la principal red inactiva del sistema.

Sábado día 13, se incorporan Juan, Angel, Gloria, Paco, Luis Toquero y Héctor. El plan para hoy es conocer parte de la red intermedia. Para ello nos adentramos por la tortuosa torca de La Canal. En su base, a -84m. Nos dividimos en dos grupos. Uno avanza en dirección Caballos por el Tercer Piso hasta la Galería Lógica y el otro dirección Valle hasta la entrada a los Laminadores.

Con el trabajo realizado durante estos días creemos estar en óptimas condiciones de aventurarnos a tan atractiva travesía.

El Domingo 14 con todo preparado del día anterior y después de dejar un coche en Valle partimos para Torcollano. Antes de las nueve de la mañana empezamos a descender los pozos de Caballos. El grupo lo formamos Héctor ,Juan Oliva, Paco Mínguez, y el que os escribe.
Los pozos se encuentran perfectamente equipados para su descenso en doble. Solo tenemos que reequipar el pasamanos de acceso a una cabecera. A -115 m. la sima se hace mucho más vertical, aumentando también su anchura. Alcanzando la base de los pozos en la cota de -237 m. sin dificultades, después de dos horas de descenso.
Ahora seguimos un meandro activo que se recorre relativamente bien hasta una impresionante chimenea.
Por la derecha accedemos a un meandro fósil, de reducidas dimensiones, en el que descendemos dos pequeños pozos que nos devuelven de nuevo al curso activo.
Progresando por el río se suceden las marmitas y cortos resaltes, casi todos equipados con cuerdas fijas. Algunas se encuentran en un estado lamentable por lo que las sustituimos.
A -350 m. por una colada a la izquierda se incorpora un aporte de agua, se trata del afluente del Paraíso, relacionado con el caudal que se pierde en el fondo de la torca del Hoyón II.
El cauce, cuyo caudal se ha acrecentado notablemente, a excavado a su paso una profunda incisión que nos obliga a progresar en altura, teniendo que realizar peligrosas y arriesgadas oposiciones.
Cuando bajamos de nuevo al lecho proseguimos por numerosas marmitas. Algunas se pueden evitar a través de pasamanos, otras con arriesgadas oposiciones y en otras te mojas fijo.
Tras esta movida y después de cuatro horas desde la base de los pozos llegamos a El Colector. Aquí las galerías adquieren una mayor envergadura.
Nos recuperamos y seguimos el curso del río, pero este de pronto se encaja y desaparece.
Al otro lado de un pasamanos que encontramos a la derecha descendemos por un caos de bloques a un nivel inferior.
A pocos metros, por una vertical de 13 m. (cuerda fija a la izquierda) alcanzamos un conducto superior, es la nombrada Galería de las Marionetas. Cerca del final de ésta encontramos de nuevo zonas inundadas de cierta longitud, originadas por estancamiento de aguas provenientes de goteos. Superada esta zona una pintada en un conducto a nuestra izquierda nos indica la Galería del Papel, ésta sería la opción a seguir en caso de encontrarse sifonado el circuito por el que vamos a continuar.
Siguiendo por la galería principal pronto llegamos al balcón, un pasamanos nos permite superar un desfondamiento que precede a El Tobogán, se trata de una rampa de barro donde se puede producir un sifón temporal en época de lluvia. Nosotros lo encontramos seco y rápidamente llegamos a la Galería de los Gours, donde aparece una serie de marmitas profundas que superamos gracias a un largo pasamanos instalado con cable de acero y alambre en su parte final.
Dejando a la izquierda la confluencia con la Galería del Papel llegamos al E 18. Vertical que remontamos hasta la Galería Lógica (segundo piso) por una cuerda que te olvidas de su estado en el momento que llegas al primer fraccionamiento y ves la chapa.
Por esta galería avanzamos hasta un E 5 que nos remonta a la Galería Vasco-Occitana. Cincuenta metros más adelante, por cuerda fija alcanzamos el tercer piso o Galería de los Gotxos situada 15 m. más arriba, paralela a la que dejamos y con la que se comunica por numerosos desfondamientos. En uno de estos (P 22) descendemos de nuevo, al otro lado del sifón de barro y muy cerca del Libro al que llegamos después de cuatro horas de camino desde El Colector.
Nos encontramos en la base de La Canal donde después de comer dejamos una nota en la cartera que cuelga del techo para tal fin. En ella anotamos el horario y el camino que llevamos, mandando un saludo a quien lo pueda leer. Los últimos en pasar por este lugar han sido un grupo hace dos meses, entró por Canal dirección Valle.
A partir de aquí cambia la morfología de la cueva, la altura de los techos disminuye hasta convertirse en varias ocasiones en gateras y laminadores.
Comenzamos un trazado laberíntico, donde las marcas existentes nos ayudan a seguir el camino hasta dos pequeños pozos de 5 y 8 m. En su base un conducto descendente nos lleva a los temidos laminadores. Se trata de una ancha galería colmatada casi hasta el techo, dejando un pequeño espacio por el que gatear, debido a lo trillado que se encuentra se progresa sin grandes dificultades. Cerca del final se encuentra la Sala de la Lluvia, formada por la erosión producida por intensos goteos, dando lugar a un encajonamiento del cauce que describe un pequeño meandro por el que hemos llegado.
A la izquierda continuamos de nuevo por laminadores en la Galería de la Luna.
En el Sahara seguimos el camino más evidente, al final de éste nos recreamos haciendo unas fotos a unos espectaculares macarrones, en una zona de concreciones.
Poco después la galería aumenta sus dimensiones en la Galería Cómoda, fácil de recorrer, viéndose solamente interrumpida por una pequeña rampa.
Pasado un sector de concreciones, donde de nuevo disminuyen las dimensiones, encontramos marcas en tres sentidos. La dirección del viento nos advierte que hemos cogido la equivocada, creo que esta nos lleva a la sima de El Escobal. Los otros dos caminos se unen en una pronunciada rampa en la que cambiamos de nivel, entrando en un terreno visitado días antes. Un destrepe nos lleva a La Playa (dos horas y media desde El Libro).
Aprovechamos para hacer una parada, carburar y cenar a la luz de los carbureros.
Una vez repuestas fuerzas nos lanzamos a toda pastilla río abajo y en hora y media nos encontramos en la calle. Para ello hemos tenido que superar los tres caos de bloques, pasar por la Galería de las Anguilas (donde tuvimos la suerte de ver una). Pasada la Galería Mariló abandonamos el cauce del río por una rampa a la derecha, donde cruzamos por un puente natural hasta una cornisa arenosa.
Atravesamos el último caos y por amplias galerías llegamos al Agujero Soplador y último rápel del día. Pasando una zona inundada llegamos finalmente ante la boca de la cueva de Valle después de mas de quince horas de travesía.

Luces de colores iluminan el holl de la cueva, una espectacular morena nos espera fuera y una fila de luces señaliza el camino hasta el coche. ¿Qué pasa, somos los excursionistas un millón, o lo hemos soñado todo?. ¡No! nada de eso, en la finca próxima a la cueva se ha celebrado un concierto y quedan los rezagados de la fiesta que alucinan más que nosotros al vernos.
Al recoger el coche que tenemos en Caballos encontramos a los vecinos de Rasines celebrando sus fiestas, aprovechamos para tomar unas cervezas que nos las hemos ganado!, celebrar nuestra aventura, echar unas “espeleomentiras” y pensar en la próxima.

Jesús Foguer

 

 
 

De nuevo me vuelvo a involucrar en otra apasionante aventura, con Jesús, Juan y Héctor y cuanto mayor es el desafío, más compensatoria es la satisfacción de estas entrañables amigas subterráneas que tanta paz y bienestar trasmiten.
Con esta son cuatro las travesías que hago (Tonio, Cañuela, Rubicera, Mortero, Astrana, la divertidísima Calaca) y ésta que no es otra que -con palabras mayúsculas- La Red del Silencio, ¡Es impresionante! Aunque sí es verdad que cada una tiene un encanto diferente, pero ésta supera a las demás con creces; y desde que empiezas hasta que terminas es una travesía llena de contrastes, unas veces con cara dulce y otras con filo. En muchas ocasiones muy centrado para, en todo momento, saber muy bien donde se ponen los pies y manos. Es de esas que hacen trabajar todos los músculos y articulaciones del cuerpo. La fuerza de trabajar tanto en muchas ocasiones llega a sentirse el cansancio aunque el papel sicológico, y la ganas de avanzar hacen que desaparezca éste.
Otra cosa es la parte de La Canal, que, como muy bien dice el amigo Juanito: “Tienes casi erizarte como un gato para adherirte a la grieta y no colarte para abajo y quedarte en cuña, que unas cuantas cuñas para ensancharlo no vendrían mal”.
Pues bajarlo en fresco a duras penas y con una maña aún se baja, pero no me quiero ni imaginar si vienes de Caballos y por algún tipo de problema tienes que salir por ahí después de haber llevado tantas horas con el cansancio encima, eso tiene que ser penoso.
Como iba diciendo, es una de las cavidades en las, si no fuese por tantas horas, merece la pena quedarse a contemplar cada fase de las que van pasando. Que tampoco estuvo mal (pues aún nos tomamos algo de tiempo para hacer alguna foto que otra y hacer algún descanso mientras se potaba).
Las maravillas que se iban viendo a nuestro paso son la ostia de bonitas, como macarrones de dos y tres metros; una especie de belén con figuras abstractas, con corona en la capota; salas con columnas y llenas de formaciones y excéntricas.
Hasta los cansados laminadores de hasta una hora y media tenían atractivo: techos con bóveda en círculos perfectos, el llamado Sahara y la zona de la Luna, que hace honor a sus cráteres en techos y suelo.
Luego llega la playa, que después de pasar el Sahara hasta da gusto mojarte en el trayecto del río hasta meterte en el laberinto de los grandes bloques que tienen su miga, y es cuando se empieza a quedar la boca seca subiendo y bajando para ir buscando la salida de la cueva del Valle que cuando empiezas a sentir su aliento, todavía eres más feliz de lo que ya estabas siendo en la travesía.

Paco Mínguez
 
  Web Club Abismo  
 

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