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Era la primera travesía "en
condiciones" para mí y para algunos de los que íbamos. La noche anterior nos
habían contado algunas cosillas de la cueva: "que si hay un paso muy estrecho en
que casi no cabes y tienes que quitarte aparatos", "que si guarda fuerzas porque
es bastante larga y hay pasos dificilillos..." pero a pesar de los comentarios
tenía muchas ganas de ir.
Aunque parezca mentira, salimos
casi antes de la hora prevista. Ángel se vino con
nosotros para hacer el juego de los coches y dejar uno a
la salida. Para llegar a la entrada, había una subidita
de más o menos 1h 30' con un respetable desnivel y,
aunque el día no era muy caluroso, nos costó sudar.
Llegamos a la boca, nos colocamos los trastos y creo que
sería sobre las 12:30 cuando empezamos. La entrada es un
pequeño agujero donde hay un pozo de 15 m. en forma de
tubo. Primero iba Jesús instalando, nos explicó como
montar las cuerdas para poder después recuperarlas con
un cordino,
después pasó Luis, Gloria, Miguel, Paco y Juan, que iría desinstalando. Tras
este pozo, otro de 28 m. Llevábamos 2 cuerdas que
alternábamos para ganar tiempo. Durante la bajada,
íbamos cambiando las posiciones, excepto Juan y Jesús
que como eran los "expertos" del grupo tenían que
instalar y desinstalar. Me puse detrás de Jesús para
fijarme como montaba las cuerdas e intentar aprender
alguna cosilla.
Luego
vino el pozo de 35 m. en el que me vino bien llevar saca
pues con la cuerda embarrada al principio me costaba
bajarlo. Nos íbamos acercando a la "zona temida", "la
estrechez"; tras un pozo de 10 m. llegamos a la diaclasa. Aquí nos explicaron que teníamos que quitarnos los rapeladores del
maillon delta y colocarlos en la baga de anclaje corta al igual que el mosquetón
de freno que lo pusimos en el mosquetón del descendedor, de esta manera, al
llevar los brazos más altos ocuparíamos menos. Para acercarse a la cabecera,
había un pasamanos con una cuerda "poco fiable" que Jesús cambió por otra; según
avanzaba, se iba encajando entre dos paredes hasta que llegó a la cabecera del
pozo donde ya le perdí la vista; cuando me dio libre, me puse la saca y por el
pasamanos me iba acercando entre dos paredes estrechas a la cabecera, llegué sin
dificultades, alguna que otra vez se enganchaba la saca pero sin problemas. En
la cabecera cogí los aparatos previamente preparados y comencé a bajar, no veía
por donde iba pues prácticamente vas tan encajado que no puedes moverte, yo sólo
me dejaba guiar por donde me llevaba la cuerda y la saca, y cuando me quise dar
cuenta, ya había llegado donde esperaba Jesús, me pareció un paso muy
interesante, sobretodo después de haberlo pasado. Detrás de mi bajó Luis,
Miguel, Paco y Juan, se nos dio bastante bien a todos.
Continuamos descendiendo
por una rampa, después una pequeña trepadita, ayudados
de una cuerda fija y llegamos a un péndulo que nos
conduce al pozo de 40 m. Para superar el péndulo nos
ayudamos del puño. Ahora iba la penúltima; hay
diferencia según la posición en la que te encuentres,
cuando vas en segundo lugar, vas escuchando las
explicaciones que da el primero, que generalmente se
conoce la cueva, y te va indicando si el paso tiene
"alguna dificultad"; ahora aunque el que va delante "te
dice algo", cuando llegas, observas lo que hay actuando
según tu criterio y es cuando te das cuenta que ya
tienes una relativa independencia, tardarás más o menos
en realizar el paso porque quizá compliques las cosas,
pero ves que lo importante es estar asegurado de dos
sitios y a partir de ahí "buscarte la vida" con los
aparatos que crees que necesitas para llegar donde
tienes que ir. Me llamó la atención en este pozo la
pelota de tenis hueca que se instaló en la cabecera para
evitar que la tensión de la cuerda metiese el nudo
dentro del mosquetón. Al final de este pozo había
instalado un pasamanos para evitar el péndulo que
conduce al fondo. La recuperación de la cuerda fue algo
dificultoso, Juan y Paco casi tienen que ayudarse de la
navaja, pero al final un buen tirón fue suficiente.
Después otro pozo de 34 m. sin
mayor dificultad. Los tres pozos siguientes 12, 18 y 22 m.
los instalé yo (eran muy limpios) haciendo un nudo a mitad
de cuerda para descender por el otro cabo. Llegamos a una
gatera (Gatera de la Borrasca) que nos conduce al último
pozo de 18 m. en volado que da acceso a la sala de Olivier Guillaume. Es impresionante
cuando vas por la gatera estrechita y al salir, es como una ventana que da paso
a un amplio espacio. Para descender este pozo la colocación de aparatos es algo
complicadilla porque estás medio tumbado y tienes que lanzarte al vacío.
Tras descender los 280 m. estamos en la sala de O. Guillaume donde habíamos
quedado para comer con un grupo que entraría desde nuestra salida, pero por las
horas que eran (sobre las 18:00) supusimos que ya habrían pasado, así que,
continuamos caminando por una incomoda ladera pedregosa. Llegamos a la Galería
del 10 de Agosto donde se ven estalactitas colgando del techo y en la llamada
Sala de Vivac paramos a comer. Serían sobre las 19:00, dijimos de parar 15' pero
la comida se alargó a 40' incluyendo purgar carbureros.
A partir de aquí ya no me fijé demasiado en las formaciones
pues íbamos algo deprisa y el carburero no me
funcionaba por lo que no veía demasiado. Si recuerdo pasar por una sala, que
supongo sería la Galería de las Sierras, con unas bellas estalactitas en forma
de sierra colgando del techo. Continuamos una subida por un bloque de piedra y
decidimos coger el camino de salida más corto por la Galería del Bulevar
evitándonos pasos laberínticos y estrechos. Bajamos por una cuerda fija y
llegamos a un pasamanos instalado con un cable de unos 30 m. de longitud, ya
solo nos quedaba para salir una "gaterita" a la que Jesús se había referido en
varias ocasiones. La cueva se abría, subimos una pequeña cuesta y de repente
estábamos en la calle, ¡nos habían tomado el pelo con la gatera!
Serían sobre las 20:15
cuando salimos (casi ocho horas), era de noche así que
continuamos con nuestros frontales encendidos bajando
campo a través por un camino embarradísimo y lleno de
hierba; nos dimos algún que otro resbalón y vimos algún
que otro roble con unos troncos espectaculares.
Llegamos a un riachuelo donde nos lavamos un poco y enseguida
vimos el coche. Nos cambiamos y para Asón a por una
cervecita y a cenar.
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